Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, Croacia (© Jan Wlodarczyk/Alamy)
En el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, en Croacia, el agua parece estar en todas partes. Dieciséis lagos escalonados se enlazan mediante cascadas, arroyos y saltos que atraviesan cañones calizos cubiertos de bosque, y su color cambia del verde esmeralda al azul intenso según los minerales, la luz y los reflejos. Declarado en 1949, es el parque nacional más antiguo y más grande del país.
Su gran singularidad son las barreras de toba: presas naturales que se forman cuando el agua, cargada de carbonato de calcio, lo deposita siglo tras siglo. Siguen creciendo, así que cascadas y lagos se transforman poco a poco. La Unesco lo declaró Patrimonio Mundial en 1979.
En España existe algo parecido en las lagunas de Ruidera, escalonadas y separadas por barreras travertínicas; la Junta de Castilla-La Mancha señala el karst croata como su único paralelo.