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Fósiles de amonites del Jurásico
Fósiles de amonites del Jurásico (© J Nemchinova/Getty Images)
Un fósil no tiene que ser un hueso: huellas, madrigueras, nidos y otros rastros de vida antigua también pueden fosilizar.
Las conchas enrolladas de la imagen pertenecen a amonites del Jurásico, unos moluscos marinos que poblaban los océanos cuando los dinosaurios dominaban la tierra firme. Se parecían a los nautilos actuales, pero estaban más emparentados con los calamares y los pulpos, y sus conchas tabicadas formaron esas espirales que hoy reconocemos al instante.
Desaparecieron hace unos 66 millones de años, junto con los dinosaurios no avianos, y sin embargo siguen resultando utilísimos: como evolucionaron rápido y se extendieron por todo el planeta, funcionan como fósiles guía y permiten datar con precisión las rocas en las que aparecen.
En España son habituales en la cordillera Ibérica y en las Béticas: el Instituto Geológico y Minero destaca los yacimientos de Ricla (Zaragoza) entre los más ricos en amonoideos. Piedra con forma de animal desaparecido, y todo un mundo dentro por descubrir.
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